Al igual que Malcolm Gladwell en su libro Outliers se preguntaba que factores hacen posible que unas personas tengan más éxito que otras, la profesora Astrid Kaiser trató de averiguar, en qué medida el nombre propio de un niño podía favorecer o perjudicar sus calificaciones, independientemente de sus rendimientos.
Según un estudio dirigido por ella misma en la Universidad de Oldenburg, un trabajo firmado por un niño Kevin, Mandy o Cedric -nombres que en Alemania están ligados a estratos sociales inferiores- suele tener una peor calificación que un trabajo idéntico firmado por Maximilian, Jakob o Simon.
Para llegar a esta conclusión, un grupo de 12 niños realizó trabajos que luego fueron escaneados y enviados, en ocasiones firmados con un nombre con carga positiva como Alexander o en otras con nombres con carga negativa como Marvin, a 200 profesores para que los calificaran.
Las diferencias de calificación sólo se observaron en los nombres masculinos, entre Kevin y Maximilian, por ejemplo, y no entre Celine y Charlotte, lo que, según los investigadores, tiene en parte su explicación en que los chicos suelen sufrir más prejuicios de los profesores que las chicas
Ante este resultado una pregunta flota en el ambiente ¿qué nombre es el acertado para que esto no suceda en zonas más próximas? (append investigación de mercados)

